Miau. Soy Tejuelo, un gato nada común que cansado de cazar ratones de biblioteca busca la compañía de homolectores. Estoy dispuesto a dejarme los bigotes por conseguir que disfrutes de la lectura.

martes, 20 de mayo de 2014

¿Qué te trae por el instituto en un día como hoy?

Querido homolector del futuro, quiero que leas este fragmento de Los ojos del lobo, de Care Santos,y que a continuación escribas un microrrelato de unas doscientas palabras que comience de la siguiente guisa: "El director aguarda ansioso que le explique qué me trae por el instituto en un día como hoy: mes de agosto,vacaciones y, por si fuera poco, festivo". Tendrás que utilizar un narrador en primera persona y el presente de indicativo.  Ahí va el fragmento de Los ojos del lobo

"Celestino esperaba que Nacho le explique qué le trae por el instituto en un día como hoy: mes de agosto, vacaciones y, por si fuera poco, festivo. Sin embargo, Nacho no sabe qué explicar. Solo que cada vez que piensa en Laura siente como si tuviera el estómago lleno de piedras o de huracanes. Le pesa un extraño sentimiento de culpabilidad, como si se hubiera comportado muy mal con ella". 

miércoles, 14 de mayo de 2014

Oda a los calcetines

Los humanos, querido homolector del futuro, tenéis extraños hábitos como enfundaros los pies por la mañana y desenfundároslos por la noche, al iros a la cama _¡incluso, hay quien se sienten incapaz de dormir sin calcetines!_. A pesar de vuestras excentricidades,  no puedo dejar de admiraros porque sois capaces de crear obras de arte inspirados en objetos tan ridículos y contra natura como un par de calcetines. Sencillamente es una delicia el siguiente poema que en sus Nuevas odas elementales, Neruda dedica a esas fundas de los pies: el chileno canta a los calcetines que le ofrece como insólito regalo amoroso Mara Mori. Yo te propongo, homolector en proceso,  que intentes emular esa oda en otrA composición que ensalce las cualidades de la goma eva, el bolígrafo borrable o la batamanta.


Oda a los calcetines

Me trajo Mara Mori
un par de calcetines,
que tejió con sus manos de pastora,
dos calcetines suaves como liebres.
En ellos metí los pies
como en dos estuches
tejidos con hebras del
crepúsculo y pellejos de ovejas.

Violentos calcetines,
mis pies fueron dos pescados de lana,
dos largos tiburones
de azul ultramarino
atravesados por una trenza de oro,
dos gigantescos mirlos,
dos cañones;
mis pies fueron honrados de este modo
por estos celestiales calcetines.

Eran tan hermosos que por primera vez
mis pies me parecieron inaceptables,
como dos decrépitos bomberos,
bomberos indignos de aquel fuego bordado,
de aquellos luminosos calcetines.

Sin embargo, resistí la tentación
aguda de guardarlos como los colegiales
preservan las luciénagas,
como los eruditos coleccionan
documentos sagrados,
resistí el impulso furioso de ponerlos
en una jaula de oro y darles cada
día alpiste y pulpa de melón rosado.

Como descubridores que en la selva
entregan el rarísimo venado verde
al asador y se lo comen con remordimiento,
estiré los pies y me enfundé
los bellos calcetines, y luego los zapatos.
Y es esta la moral de mi Oda:
Dos veces es belleza la belleza,
y lo que es bueno es doblemente bueno,
cuando se trata de dos calcetines
de lana en el invierno

martes, 13 de mayo de 2014

Un mundo lleno de contradicciones

 Hoy ha caído en mis almohadillas el siguiente microrrelato de Gabriel Jiménez Eman. Dice así: 
"Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello".
10 palabras le bastan al autor venezolano para llamar la atención sobre la incomunicación humana y sus consecuencias terribles. Tras la risa llega la reflexión amarga que ha de realizar el propio lector en torno a la soledad, el aislamiento, el sentirse ignorado por los otros. ¿Por qué nadie se percató de la  invisibilidad de aquel hombre?  Aunque, si era invisible, ¿cómo diantres iba alguien a darse cuenta siquiera de su presencia? ¿La condición de "invisible" del hombre ha de entenderse en sentido metafórico, es decir, aquel humano no desaba significarse, algo que sus congéneres no supieron percibir?
Te propongo, queridísimo homolector del futuro, que dediques entre 10 y 15 palabras a otro hecho contradictorio de la vida.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Tierra, trágame

Querido homolector del futuro, quiero compartir contigo un artículo de opinión de Rosa Montero publicado en  El País  a propósito de los prejuicios raciales.  En él se nos cuenta la anécdota de una estudiante alemana con un compañero de universidad negro cuyo desenlace llevó a la protagonista a pensar eso de "Tierra, trágame". Tras leerlo, te propongo que redactes un texto breve  en el que un narrador en primera persona dé cuenta de una situación bochornosa. 

El negro

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.
Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos".

martes, 6 de mayo de 2014

El espantoso espectro

¿Qué sería de gran parte de la literatura sin los monstruos? Frankenstein, Drácula, el minotauro, el calamar gigante de 20.000 leguas de viaje submarino... Recuerdo con especial desasosiego a Escila, ese terrible monstruo de la Odisea: cuatro ojos, seis largos cuellos estirados, grandes cabezas desagrándose, con tres filas de dientes irregulares; doce tentáculos y la cola de un gato con seis cabezas de perro.
A continuación te reproduzco un fragmento de Los elixires del diablo, de E.T.A. Hoffmann, en el que aparece un terrible espectro. Te propongo que continúes la historia: cuatro o cinco renglones más servirán para dejar sin respiración a los lectores. Miiiaaauuu.

Así reía y aullaba el espantoso espectro, mientras yo, fortalecido por el terror que sentía,  salté como un tigre aprisionado por una pitón. Me lancé contra árboles y rocas para, si no matarle, al menos herirle gravemente y que me soltase. Pero él rio todavía más fuerte y yo me sentí lacerado por un dolor repentino. Intenté....

lunes, 5 de mayo de 2014

En pocas palabras

A veces basta con una o dos líneas para sugerir, evocar, remover, impactar, descolocar, ironizar. El microrrelato, el texto hiperbreve, consigue que las palabras mínimas sigan masticándose en la booca de uno hasta lograr darles algún sentido. A continuación, querido homolector del futuro, te transcribo dos microrrelatos con los que acabo de relamerme los bigotes:


El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación. Llaman a la puerta. (The last man, Fredric Brown)

Se despertó recién afeitado. (Microrrelatos, Andrés Neuman)

Te propongo que investigues cuál es la figura literaria en la que se basan estos dos autores para dar fuerza a su mensaje mínimo. Si eres capaz de descubrirlo conseguirás 3 insuperables. No olvides justificar tu respuesta.