Señores pasajeros buenas tardes
y Nueva York al fondo todavía, delicadas las torres de Manhattan con la luz sumergida en una muchacha triste, buenas tardes señores pasajeros, mantendremos en vuelo doce mil pies de altura, altos como su cuerpo en el pasillo de la Universidad, una pregunta, podría repetirme el título del libro, cumpliendo normas internacionales, las cuatro ventanillas de emergencia, pero habrá que cenar, tal vez alguna copa, casi vivir sin vínculo y sin límites, modos de ver la noche y estar en los cristales del alba, regresando, y muchas otras noches regresando bajo edificios de temblor acuático, a una velocidad de novecientos kilómetros, te dije que nunca resistí las despedidas, al aeropuerto no, prefiero tu recuerdo por mi casa, apoyado en el piano del Bar Andalucía, bajo el cielo violeta de los amaneceres de Manhattan, igual que dos desnudes en penumbra con Nueva York al fondo, todavía al aeropuerto no, rogamos hagan uso del cinturón, no fumen hasta que despeguemos, cuiden que estén derechos los respaldos, me tienes que llamar, de sus asientos. |
Os propongo que os atreváis también vosotros a contar un viaje de vuelta, no necesariamente vuestro (el viaje de regreso del Apolo XI a Cabo Cañaveral) ni necesariamente real (el camino de vuelta desde el interior del cerebro guardado en formol de Albert Einstein a vuestro laboratorio). Podéis crear un poema, un relato corto, tal vez el apunte en un diario de viaje... Lo importante es dejarse llevar por la imaginación y cuidarse mucho de que Erratas no se cuele entre vuestras líneas.