"Olegario no sólo fue un as del presentimiento, sino que además siempre estuvo muy orgulloso de su poder. A veces se quedaba absorto por un instante y luego decía: "Mañana va a llover", y llovía. Otras veces se rascaba la nuca y anunciaba: "El martes saldrá el 57 a la cabeza", y el martes salía el 57 a la cabeza. Entre sus amigos gozaba de una admiración sin límites. Algunos de ellos recuerdan el más famoso de sus aciertos. Caminaban con él frente a la universidad cuando, de pronto, el aire matutino fue atravesado por el sonido y la furia de los bomberos. Olegario sonrió de modo casi imperceptible, y dijo: "Es posible que mi casa se esté quemando". Llamaron un taxi y encargaron al chófer que siguiera de cerca a los bomberos. Estos tomaron por Rivera, y Olegario dijo:"Es casi seguro que mi casa se esté quemando". Los amigos guardaron un respetuosos y afable silencio, tanto lo admiraban. Los bomberos siguieron por Pereyra y la nerviosidad llegó a su colmo. Cuando doblaron por la calle en que vivía Olegario, los amigos se pusieron tiesos de expectativa. Por fin, frente mismo a la llameante casa de Oligario, el carro de bomberos se detuvo y los hombres comenzaron rápida y serenamente los preparativos de rigor. De vez en cuando, desde las ventanas de la planta alta, alguna astilla volvaba por los aires. Con toda parsimonia, Olegario bajó del taxi. Se acomodó el nudo de la corbata y luego, con un aire de humilde vencedor, se aprestó a recibir las felicitaciones y los abrazos de sus buenos amigos".
Miau. Soy Tejuelo, un gato nada común que cansado de cazar ratones de biblioteca busca la compañía de homolectores. Estoy dispuesto a dejarme los bigotes por conseguir que disfrutes de la lectura.
miércoles, 1 de octubre de 2014
"Olegariadas"
Tras una dura persecución entre las estanterías de la biblioteca, por fin conseguí que Erratas devolviera a su sitio las tildes que el maldito roedor le había arrebatado a uno de vuestros textos. Pero fijaos que, en esto, quiso caer entre mis almohadillas felinas una obra deliciosa de Mario Beneddetti, La muerte y otras sorpesas (1968). En ella encontré este microrrelato titulado Los bomberos:
Fijaos cómo el orgullo y la soberbia cegó a Olegario. Prefería ver arder su casa a equivocarse, a que sus amigos le vieran errar. Os propongo, homolectores, que redactéis un microrrelato sobre alguna "olegariada" de este tipo, alguna anécdota surrealista contada en este caso en primera persona, a propósito de cómo la arrogancia y el orgullo del narrador protagonista tiene consecuencias funestas para él. Miaaauuuu.
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